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HackerHAND: la mano robótica que busca acercar la tecnología a los escolares

El kit educativo, desarrollado por un estudiante de Ingeniería Civil Industrial de la U. Andrés Bello,  fue seleccionado por el programa Start-Up Chile de Corfo.

Facilitar la educación tecnológica de los escolares fue lo que motivó a Sergio Seguel, estudiante de primer año de Ingeniería Civil Industrial de la U. Andrés Bello, a crear HackerHAND, un kit de robótica educativa de bajo costo, cuya finalidad es enseñar a programar a alumnos desde los 12 años de edad.

El kit contiene una mano robótica desarmada y su dispositivo controlador. “El que la mano venga desarmada le da la posibilidad a los niños de aprender a armarla y desarrollar habilidades blandas como liderazgo y trabajo en equipo”, explica Seguel. La idea es que la mano también sea programada, para lo que se necesita un computador que tenga el programa necesario para cumplir esta tarea.

Si bien la mano robótica fue pensada como un apoyo a la educación, Seguel afirma que tiene un gran potencial para ser usada como prótesis para personas discapacitadas o para su inclusión en procesos industriales.

La iniciativa ha sido presentada en diversos eventos, logrando una muy buena recepción por parte del público. Una acogida positiva que también tuvieron por parte del programa Start-Up Chile de Corfo, donde fue uno de los 100 proyectos seleccionados de entre las más de 1.570 postulaciones recibidas.

“Me siento orgulloso de haber sido seleccionado en la Ronda 7 de Start-Up Chile”, reconoce Seguel. El programa tiene una duración de seis meses, durante los cuales el joven participará en un ecosistema de emprendimiento que le permita dar forma a una empresa a partir de su proyecto.

El joven estudiante de la U. Andrés Bello afirma que HackerHAND le permitirá complementar su formación académica, aplicando los conocimientos teóricos que aprenda en clases. “Creo que la experiencia que estoy adquiriendo con este emprendimiento me da herramientas y habilidades que difícilmente es posible obtener sin vivirlo”, afirma.

Por Alexis de Ponson M.

adeponson@unab.cl